2Mira, <I>yo</I> he llamado por <I>su</I> nombre a Bezaleel, hijo de Uri, hijo de Hur, de la tribu de Judá;
3y lo he llenado del Espíritu de Dios, en sabiduría, y en inteligencia, y en ciencia, y en todo artificio,
4para inventar diseños, para trabajar en oro, y en plata, y en bronce,
5y en artificio de piedras para engastarlas, y en artificio de madera; para obrar en toda clase de labor.
6Y he aquí que yo he puesto con él a Aholiab, hijo de Ahisamac, de la tribu de Dan; y he puesto sabiduría en el ánimo de todo sabio de corazón, para que hagan todo lo que te he mandado.
7El tabernáculo del testimonio, y el arca del testimonio, y la cubierta que <I>estará</I> sobre ella, y todos los vasos del tabernáculo;
8y la mesa y sus vasos, y el candelero limpio, y todos sus vasos, y el altar del incienso;
9y el altar del holocausto, y todos sus vasos, y la fuente, y su basa;
10y los vestidos del servicio, y las santas vestiduras para Aarón el sacerdote, y las vestiduras de sus hijos, para que sean sacerdotes;
11y el aceite de la unción, y el incienso aromático para el santuario; harán conforme a todo lo que te he mandado.
12¶ Habló además el SEÑOR a Moisés, diciendo:
13Y tú hablarás a los hijos de Israel, diciendo: Con todo eso vosotros guardaréis mis sábados, porque es señal entre mí y vosotros por vuestras edades, para que sepáis que yo <I>soy</I> el SEÑOR que os santifico.
14Así que guardaréis el sábado, porque santo <I>es</I> a vosotros; los que lo profanaren, de cierto morirán; porque cualquiera que hiciere obra <I>alguna</I> en él, aquella alma será cortada de en medio de su pueblo.
15Seis días se hará obra, y el séptimo día, sábado de reposo, <I>será</I> santo al SEÑOR; cualquiera que hiciere obra el día del sábado, morirá ciertamente.
16Guardarán, pues, el sábado los hijos de Israel: haciendo sábado por sus edades <I>por</I> pacto perpetuo.
17Señal <I>es</I> para siempre entre mí y los hijos de Israel; porque en seis días hizo el SEÑOR los cielos y la tierra, y en el séptimo día cesó, y reposó.
18Y dio a Moisés, cuando acabó de hablar con él en el monte de Sinaí, dos tablas del testimonio, tablas de piedra escritas con el dedo de Dios.