📖 Salmos 74
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1
«Masquil de Asaf» ¿Por qué, oh Dios, [nos] has desechado para siempre? ¿[Por qué] humea tu furor contra las ovejas de tu prado?
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2
Acuérdate de tu congregación, que adquiriste de antiguo, la vara de tu heredad, la cual redimiste; este monte de Sión, donde has habitado.
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3
Levanta tus pies a los asolamientos eternos; a toda la maldad que el enemigo ha hecho en el santuario.
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4
Tus enemigos vociferan en medio de tus asambleas; han puesto sus banderas por señales.
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5
Cualquiera se hacía famoso según que había levantado el hacha sobre los gruesos maderos.
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6
Y ahora con hachas y martillos han quebrado todas sus entalladuras.
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7
Han puesto a fuego tus santuarios, han profanado el tabernáculo de tu nombre echándolo a tierra.
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8
Dijeron en su corazón: Destruyámoslos de una vez; han quemado todas las sinagogas de Dios en la tierra.
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9
No vemos ya nuestras señales; no hay más profeta; ni con nosotros hay quien sepa hasta cuándo.
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10
¿Hasta cuándo, oh Dios, el angustiador nos afrentará? ¿Ha de blasfemar el enemigo perpetuamente tu nombre?
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11
¿Por qué retraes tu mano, y tu diestra? ¿Por qué la escondes dentro de tu seno?
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12
Pero Dios es mi Rey ya de antiguo; el que obra salvación en medio de la tierra.
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13
Tú dividiste el mar con tu poder; quebrantaste cabezas de dragones en las aguas.
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14
Tú machacaste las cabezas del leviatán; lo diste por comida al pueblo de los desiertos.
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15
Tú abriste fuente y río; tú secaste ríos impetuosos.
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16
Tuyo [es] el día, tuya también [es] la noche; tú estableciste la luna y el sol.
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17
Tú estableciste todos los términos de la tierra; el verano y el invierno tú los formaste.
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18
Acuérdate de esto; que el enemigo ha afrentado a Jehová, y que el pueblo insensato ha blasfemado tu nombre.
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19
No entregues a las bestias el alma de tu tórtola; y no olvides para siempre la congregación de tus afligidos.
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20
Mira al pacto; porque los lugares tenebrosos de la tierra están llenos de habitaciones de violencia.
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21
No vuelva avergonzado el oprimido; el pobre y el necesitado alaben tu nombre.
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22
Levántate, oh Dios, aboga tu causa; acuérdate de cómo el insensato te injuria cada día.
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23
No olvides las voces de tus enemigos; el alboroto de los que se levantan contra ti sube continuamente.