📖 Job 6
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1
Y respondió Job y dijo:
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2
¡Oh, que pudiesen pesar justamente mi sufrimiento, y lo pusiesen en balanza junto con mi calamidad!
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3
Porque pesarían ahora más que la arena del mar; por tanto, mis palabras han sido precipitadas.
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4
Porque las saetas del Todopoderoso están en mí, cuyo veneno bebe mi espíritu; y terrores de Dios me combaten.
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5
¿Acaso gime el asno montés junto a la hierba? ¿Muge el buey junto a su pasto?
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6
¿Se comerá lo desabrido sin sal? ¿O habrá gusto en la clara del huevo?
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7
Las cosas que mi alma no quería tocar, son [ahora] mi triste alimento.
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8
¡Quién me diera que viniese mi petición, y que me otorgase Dios lo que anhelo;
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9
y que agradara a Dios destruirme; que desatara su mano, y acabara conmigo!
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10
Y sería aún mi consuelo, si me asaltase con dolor sin dar más tregua, que yo no he escondido las palabras del Santo.
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11
¿Cuál es mi fuerza para esperar aún? ¿Y cuál mi fin para prolongar mi vida?
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12
¿Es mi fuerza la de las piedras, o es mi carne de bronce?
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13
¿No me ayudo a mí mismo, y el poder me falta del todo?
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14
El atribulado ha de ser consolado por su compañero. Mas se ha abandonado el temor del Omnipotente.
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15
Mis hermanos han sido traicioneros cual arroyo; pasan como corrientes impetuosas,
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16
que están escondidas por la helada, y encubiertas con nieve;
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17
que al tiempo del calor son deshechas, y al calentarse, desaparecen de su lugar;
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18
se apartan de la senda de su rumbo, van menguando y se pierden.
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19
Miraron los caminantes de Temán, los caminantes de Seba esperaron en ellas:
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20
Pero fueron avergonzados por su esperanza; porque vinieron hasta ellas, y se hallaron confusos.
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21
Ahora ciertamente como ellas sois vosotros; pues habéis visto mi infortunio, y teméis.
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22
¿Acaso yo os he dicho: Traedme, y pagad por mí de vuestra hacienda;
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23
libradme de la mano del opresor, y redimidme del poder de los violentos?
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24
Enseñadme, y yo callaré; y hacedme entender en qué he errado.
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25
¡Cuán fuertes son las palabras de rectitud! Pero, ¿qué reprende vuestra censura?
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26
¿Pensáis censurar las palabras, y los discursos de un desesperado, que son como el viento?
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27
También os arrojáis sobre el huérfano, y caváis un hoyo para vuestro amigo.
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28
Ahora, pues, si queréis, miradme, y ved si miento delante de vosotros.
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29
Tornad ahora, y no haya iniquidad; volved aún a considerar mi justicia en esto.
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30
¿Hay iniquidad en mi lengua? ¿No puede mi paladar discernir las cosas depravadas?